sábado, 15 de noviembre de 2008

El violín de la adúltera, una novela acerca de la felicidad

El violín de la adúltera: una novela acerca de la felicidad
Por Luis R. Santos


Un novelista nunca ha sido dueño de la obra que ha puesto en las manos de los otros, los lectores; por ello, cada lector descubre lo que le interesa descubrir en cada texto; cada lector se convierte en hermeneuta, en protagonista de múltiples hallazgos cuando se da a la tarea de leer una novela.
Cuando me sumergí en las páginas de la novela El violín de la adúltera, de Andrés L. Mateo, publicada por el Grupo Editorial Norma, me asaltaron varias convicciones: El violín de la adúltera, para mi complacencia, es una excelente novela acerca de la felicidad, palabra que pulula a lo largo del texto; y es también una novela Onettiana en el mejor sentido del término; lo es por su tono confesional, susurrante, reflexivo, introspectivo; por la hondura sicológica del personaje central.

El licenciado Nestor Luciano Morera, personaje central de la novela, el narrador, es un hombre simple.-Entre los hombres y mujeres de esta isla, creo ser el más rutinario, el menos espectacular; página 139-. Es un pasajero de segunda categoría en la barca de la felicidad. Lo imaginamos tumbado en la proa, la brisa salobre del mar humedeciendo su anatomía, con unas gafas Ray Ban protegiendo sus ojos del fuego del sol tropical. Sobre su cabeza, un limpísimo cielo azul y bandadas de gaviotas ansiosas; a lo lejos se escucha la Música de las Aguas, la composición que Haendel escribiera para reconciliarse con un rey al que había defraudado y que se estrenó en el océano. El licenciado Morera lleva la cabeza recostada en un mullido edredón con forro de terciopelo; a su lado en el mar delfines y peces voladores hacen acrobacias para hacer que su felicidad sea más ancha. Y por supuesto que en esa barca va Maribel Cicilio, con la melena batida por un vientecillo cálido, con una sonrisa beatífica esculpida para su marido, que la observa arrobado. Maribel también lleva consigo el violín, que de repente se transforma en la guadaña con que se pretende segar el vergel de la dicha de su esposo.
Así va Nestor Luciano Morera transitando por la mar de la dicha. Pero, de repente, el cielo empieza a ennegrecerse; truenos y rayos ensordecedores y estremecientes se abalanzan sobre la barca de la felicidad, que se tambalea. Estos presagios de tormenta inminente tienen forma de anónimos.
De repente el licenciado Morera tiene que atracar la barca de la felicidad para que esta no zozobre; ancla en el puerto del pasado y allí busca las más poderosas amarras para que la tempestad no la hunda.
A partir de aquellos estremecimientos, la vida tranquila, la paz en que vegeta se ve perturbada por la sevicia de unos anónimos que le alertan de la supuesta infidelidad de Maribel Cicilio, la mujer que ama, la mujer que lo hizo subirse a la barca de la felicidad.
Pero Morera, a pesar de que se confiesa un cobarde, lucha con la astucia que solo la felicidad puesta en peligro les da a los hombres. Sufre en silencio, en principio odia al médium, Elso, que se encarga de la ingrata tarea de dejar sobre su escritorio los sobres azules en donde vienen comprimidos los vientos que azotan la barca de su felicidad.

El mundo en que interactúa el licenciado Morera es pequeño; los seres humanos con los que se relaciona son esencialmente tristes, infelices: Elso, un homosexual desdichado que en aquella época debía sentirse como un miembro de la CIA infiltrado en un campamento de Al Qaeda; el doctor Santamaría, un sujeto sin dignidad, continuamente ultrajado por su jefe, un miembro la familia Trujillo, y por una esposa de la cual termina vengándose. Él sin embargo se las arregla para no dejarse contagiar. Al contrario, su bouyerismo inocente le da un motivo para la fantasía: vive imaginando que los senos de su compañera de oficina, Ligia Monsanto, son un paraíso rosado en donde alguna vez podría acampar. Además, vive las glorias ajenas, se emociona al recuerdo del contacto con un conjunto de famosos artistas que tuvo la ocasión de conocer en la Voz Dominicana, donde funge de contador.
El contacto con el poeta Héctor J. Díaz no hace más que afirmar en él, casi de manera inconciente, la necesidad de aferrarse a esa felicidad que le daba esa existencia mediocre, sin demasiadas pretensiones, en la que su mujer era protagonista. Después de un paseo con ella, Morera escribe, página 163: “Porque, como decían los griegos, lo que existe es la felicidad del instante. La cara de ella es de felicidad, su mano en mi mano no tiene remilgos y ninguna duda me podría dominar. ¡La verdadera felicidad es este instante!” Maribel es tan imprescindible en su vida que él nunca llega a referirle el asunto de los anónimos. Aquí denota la inteligencia emocional que acompaña a los seres felices. (Hacerse el pendejo)
Otro de los rasgos que caracterizan a El violín de la adúltera es que esta es una novela en donde el estilo se impone a la trama; el lenguaje supera con creces a la anécdota. Una novela no es más que una historia bien contada, aunque haya teóricos que le atribuyan otros papeles, otras pretensiones; y la novela de Andrés L. Mateo es una historia exquisitamente escrita; además de que logra aceptables niveles de suspenso que mantienen en alto el interés del lector. El lenguaje aquí es una fiesta colorida, un ovillo de imágenes que el escritor –narrador va desatando mientras deja claro, con elegancia, sonoridad y extraordinario ritmo, su necesidad de ser feliz por encima de todo; por eso es que afirmamos que El violín de la adúltera es una novela acerca de la felicidad; porque es la historia de un hombre común que no está dispuesto a dejarse robar lo poco que tiene y que al mismo tiempo, eso poco que posee, lo hace que sea él; no permite que nadie lo saque de ese tibio útero que es su mundo, articulado a partir de Maribel Cicilio, de su puesto de burócrata en una oficina pública, de sus fantasías de un paraíso rosado en los pechos de Ligia Monsanto, de su compasión por los desgraciados que comparten su vida en la oficina.
El violín de la adúltera es una novela acerca de la felicidad porque su protagonista, al final, decide deshacerse de los dos elementos que mancillan su cielo límpido: el violín que obligaba a su mujer a salir todas las tardes, y los anónimos que eran una filosa daga con la que pretendían castrar su dicha.

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